La estación

      Como cascada acuden los recuerdos de la vieja estación del tren en Tula que desde la era porfiriana aún existe, con su Plazuela atestada de gente esperando la llegada de los trenes de pasajeros, donde subían o bajaban.

      Vendedores de enchiladas, tacos, pollo frito o el café y la leche; ¡EL PULQUE!, gritaba Doña Florentina, y en la vendimia de antojitos, fresco está el recuerdo de "La China", Doña Esperanza o de "Las Güeras", Doña Chelo con sus guizos: enchiladas y demas antojos de sabor casero.

      Por allí no faltaba Don José, su esposo, vendiendo rico pan de huevo, y así como ellos, muchas otras vendedoras esperan a los trenes, ya sea el 9, México-Guadalajara o el 8, Ciudad Juárez-México, el 13 a Torreón o el 14, de regreso a la capital, y aquel llamado "El Lechero" que por la mañana y en la tarde hacia dos viajes: México-Tula-México.

      Así estos trenes eran abordados diariamente por un sin número de pasajeros, ya en viaje de placer o de negocios, muchos de ellos.

      Y por las horas ya nocturnas recordamos aquel pulman, que pasaba a las 9 rumbo a Monterrey y poco antes el normal hacia el norte, no hay que olvidar desde luego el "Pachuca" que según se decía, su servicio de carga y pasajeros principió con el siglo XX

      Y hablando de la carga, el movimiento no era menos así como en el expréss, sobre todo en temporadas fuertes de comercio.

      Recordamos, entre otros jefes de estación, al Jefe Flores, Lara o De La Rosa, sin hacer menos al Señor Uribe, encargado del expréss, en su diario laborar.

      Así, brevemente describimos el trajinar en la estación, su Plazuela y calle de Mina, tiempo atrás la principalmente comercial y que en otra remembranza, mas a fondo hablaremos de ella.

      Por ahora... ¡Vámonos!, como gritara el garrotero Don Lorenzo al partir el tren de pasajeros.

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