Los fresnos de mi pueblo

      De tus fresnos centenarios que en el trazo de las calles mi entreñable y bien amada Tula, afanosas manos tiempo atras plantaron con esmero y gran cariño.

      Hoy, el inexorable paso de los años, el descuido, desamor y la barbarie han destruido.

      En la antiguamente bien llamada "la ciudad de los fresnos" la desolación esta presente y poco a poco la merma de tus árboles es causa ya de alarma.

      Díganlo si no, antaño, aquellos fresnos que erguidos y frondosos dieron a nuestra calzada, llamada hoy Melchor Ocampo, una vista sin igual, que al llegar la primavera y aún a la vista del otoño, sus copas en lo alto lucían entrelazadas y, cual nave de un gran templo, su techumbre en tonos esmeraldas era traspasada aqui y allá por los rayos del brillante sol.

      Hoy, ¿de todo aquello que nos queda?

      Dos o tres vetustos fresnos que ahogados en concreto luchan por su vida... y darnos vida, que nosotros no apreciamos, antes bien, la indiferencia y el descuido acabarán con lo que antaño fue un vergel de fresnos... ¡de los fresnos de mi pueblo!

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