Meditación

      La tarde del domingo va cayendo y el ocaso de un sol de agosto que hiriente traspasa aun las nubes ya se acerca, y a lo lejos, nubarrones de tormenta amenzan este Claustro Franciscano, donde desde el coro de su templo las voces dejan escuchar un coro que alabando a Dios cantando estan:

... y tú, que no sabes amar pretendes encontrar maldad en mi,
en mi que solo doy amor, porque tan solo amor sé recibir...

      En San José de Tula, bajo las góticas arcadas de su claustro meditando estoy; el silencio en ocaciones me sitúa en épocas remotas, cuando humildes frailes de la Orden de Menores deambulaban por estos corredores, prestos a su ministerio en el templo, o solícitos para atender del necesitado sus penas y carencias, aliviando así su precaria situación.

     Y en espera de la lluvia que amenaza me hallo solo y meditando, donde a ratos el silencio es rasgado por el coro con su canto:

... tratar con mas delicadeza a los de la pobreza.
eso es amor, poner los pies sobre la tierra,
por despreciar la guerra, eso es amor...

      Canto que se escucha mientras poco a poco la penumbra va dejando ver su espeso velo y que dentro de estos muros invita a tener un coloquio personal con Dios, sin temor alguno a la obscura noche, pues solos juntos estaremos el creador y yo.

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