Memorias de un maestro rural

Nota del administrador:

Memorias del Profesor Gregorio Sánchez Camacho, Inspector escolar de la Zona 68, de Tula de Allende.

Desde Cuilapan de Guerrero, Oaxaca (1933) hasta Tula de Allende, Hidalgo (1988).

INTRODUCCIÓN

      Al concluir los estudios correspondientes a la carrera de Maestro Rural, en la Escuela Normal Rural, de Cuilapan de Guerrero, Estado de Oaxaca, durante el segundo semestre de 1993, sin ninguna ceremonia de graduación, entre reservados sollozos y visibles lágrimas de emoción, mas bien, que de nostalgia, entre apretones de mano y efusivos abrazos, me despedí de cada uno de mis compañeros de generación, hombres y mujeres, retorné a mi pueblo de origen; San Miguel Tlacotepec, de la región mixteca.

      Pasé las vacaciones al lado de mis padres rodeado de cariño maternal y del calor del hogar sin más preocupaciones que ayudar a las pequeñas tareas del campo y asistir a una que otra fiesta familiar o popular como la Navidad y el Año Nuevo, en compañía de mis amigos de juventud.

      Recordaba con insistencia las actividades de Extensión Cultural que a mi iniciativa como pasante e
Y en vías de práctica, realizamos a nombre de nuestra Normal en los distintos barrios de la población, alfabetizando a los campesinos y presentando programas de carácter literario-musical para solaz del público que nos brindaba como estímulos los aplausos y el aprecio de la comunidad.

      Mientras esto ocurría, a solas pensaba sobre mi futuro, pretendía comprenderlo, captarlo. Formulaba fabulosos planes y proyectos. Me preguntaba a mí mismo cuándo, cómo donde, en fin soñaba.

      Me enorgullecía que me llamaran maestro mis vecinos son serlo todavía, pero era una distinción que no podía rechazar. Y así se mantuvo mi relación con ellos.

      Plaza, categoría, salario, sueldo, términos para mí desconocidos. Quería trabajar, trabajar y nada más.

      Todo esto, me impulsó a escribir esta MEMORIA en cuyo contenido no hay ni un ápice de invención, figuración o supuesto, sino la estricta realidad.

      Tengo entendido que habrá otros casos similares a los que aquí relato, aunque en diferentes circunstancias, pero cierto es también que así se inició la educación rural, con centenares de maestros con una elemental preparación pero con una vocación definida que los llevó al campo proletario del país a difundir los elementos de la cultura, convirtiéndolos en guías y líderes de cada comunidad abarcando una prolongada etapa que mereció justamente, el calificativo de Edad de Oro de la Escuela Rural Mexicana.

Forjad a los hombres del futuro, no en la timidez de un desertor sino en el temple noble y puro del espíritu, que luchen con valor conservando su honrosa verticalidad, en la búsqueda de la verdad y justicia

Profr. Gregorio Sánchez Camacho.

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