Año de 1937

      Mi cambio a la Escuela Rural de Ejido “La Huertilla” Municipio de Mariscal, Distrito de Huajuapan, fue de carácter convencional, es decir, una permuta, para ayudar a un compañero respecto a su pueblo Tezoatlán. Cuestión de distancia.

      Una pequeña ranchería con escaso alumbrado integrado por primeo y segundo grados. Un edificio escolar en regulares condiciones pero carente de material. Había que empezar por habilitarla de todo. Difícil desde el punto de vista económico, negligencia por parte de los padres de familia. Así era y así será. Pero es el maestro el promotor nato de toda transformación en el medio rural.

      Mi actividad docente al pie de la letra, mis alumnos felices. Lo cotidiano, que debe hacerse.

      El clima en este ejido es cálido, un sol quemante y sin agua superficial, tenía que cavar sobre la arena de un arroyo seco para poderme bañar.

      Al paso de los días y conversando con los padres de familia o con los jóvenes con quienes iba sembrando la amistad, obtuve datos muy importantes del porqué del estancamiento, del descuido, del deterioro de los bienes comunales, sobre todo de la escuela.

      Opiniones muy diversas y también se culpaba a los maestros que me habían antecedido.

      Los invitaba a trabajar, a colaborar para su propio bienestar. Me escuchaban con atención y veía que mis propósitos iban prosperando. Por algo se empieza, reflexionaba.

      Así continué con mi programa de trabajo y con mi horario. Lo que más les gustaba a mis alumnos era el deporte de básquet-bol. Pues me ponía a jugar con ellos desde temprana hora.

      La verdad era de que entre los ejidatarios de este lugar y los ex hacendados y sus peones acasillados que aún detenían, existía una profunda rivalidad, un ambiente hostil y un propósito de recuperar sus tierras expropiadas, a como diera lugar.

      Esta zozobra minaba la buena disposición de los ejidatarios y antes que otra cosa, procuraban armarse para su defensa.

      Así fue en efecto. El día menos pensado se produjo el enfrentamiento a tiros entre ambas partes. Como resultado, una muerte entre los provocadores ex hacendados que escaparon al sentir la superioridad de los ejidatarios. Esta acción dio lugar a una intensa persecución contra los líderes ejidales quienes no huyeron, fueron aprehendidos y encarcelados en los penales de Huajuapan de León, responsabilizándolos de aquella muerte, Fueron liberados, casi cerca de un año de prisión, porque las investigaciones que realizaron no encontraron pruebas suficientes para dictarles una sentencia. Pera eso no fue todo porque el periódico de la región hizo alarde de este hecho publicando en sus reportes que las muertes habían sido varias entre ellas las del maestro rural del ejido, refiriéndose a mi persona. Corrió la noticia como el viento que al llegar a oídos de mi padre, éste tomó el camino hacia aquel ejido, pero al presentarse me encontró trabajando.

      Los días posteriores inmediatos a este suceso, se reunían conmigo los ejidatarios a comentar y buscar la solución a este intricante problema y también pensando, porqué no, en la revancha que podría sobrevenir. Las reuniones eran precisamente frente al edificio escolar que ocupaba la parte céntrica del poblado, por lo que, además, me protegían siempre armados. Al terminar el curso, ante esta situación tan insegura y para no causarles mayores preocupaciones a mis padres y para mi propia seguridad, opté por cambiarme a otro lugar pero insatisfecho por no haber alcanzado el éxito que me había propuesto.

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