De 1957 en adelante

      En 1957 llegué a la Comunidad de Presas como maestro de grupo. La dirección de la escuela estaba a cargo del profesor Aurelio Sáenz Soto. En 1960 quedó a cargo del compañero Severiano Arenas López por un curso. En 1961 asumí la dirección, obteniendo poco después la plaza de director efectivo por dictamen escalafonario.

      Mi responsabilidad moral, aumentó y también mi radio de acción. Con toda decisión y entusiasmo, me dediqué al cumplimiento de mis funciones, dispuesto a vencer toro cuanto se opusiera a mi plan de trabajo de acuerdo con los recursos a conocidos de antemano.

      En cuanto se supo que me hice cargo de la dirección del plante, los señores más importantes de la localidad me manifestaron su satisfacción y sus deseos porque la escuela se mejorara agregando además los motivos de su estancamiento, lanzándose la culpabilidad unos a otros. Advertí desde la divergencia en el diálogo cuál era el egoísmo político y social de cada uno de ellos. El deseo de ser siempre los únicos guías de la vida comunal.

      Los habitantes realmente se encontraban en un estado de atraso lamentable.

      Antes de continuar con esta exposición, diré que la Parcela Escolar, fue por estos años, un anexo que provocó fuertes e intricados problemas entre el Magisterio y Comisarios Ejidales, por la participación económica al personal docente de acuerdo con el Reglamento. Fue aquí precisamente, en este lugar donde, por reclamar esa participación fue asesinado un profesor, por órdenes de un cacique que al ser descubierto abandonó la comunidad, (informes de los propios vecinos).

      De allí que mi antecesor y o, afrontamos el mismo problema porque el Tesorero de ese organismo, se negó a entregarnos la participación y gracias a la intervención de la autoridad Municipal, nos fue entregada. A partir de entonces, de 1960, quedó finiquitada esta negativa. Hoy se cumple con las disposiciones legales.

      Volviendo al tema anterior: pasados algunos días, les envié una atenta nota para que se presentaran a la escuela para un intercambio sobre mi plan de trabajo. Asistieron con puntualidad.

      Se inició el diálogo: señores: ustedes me han manifestado su interés por el adelanto de su pueblo, por el adelanto de sus hijos, por su educación, y yo me uno a ustedes en esos propósitos, siento el mismo interés por lo que creo que nos entenderemos bien. Los invito que hagamos un recorrido al edificio en estos mismos instantes para que observen en qué condiciones se encuentra, lo que aceptaron sin objeción.

      Cuando penetramos al interior de la primera aula, les pregunté: ¿Les parecen correctas estas paredes? No, señor profesor. ¿Y los techos? Tampoco. ¿Y los pisos, las ventanas y los vidrios? No señor profesor, de ninguna manera, contestaron unos, otros solamente movían las cabezas de un lado al otro. ¿Cuánto tiempo hace que funciona esta escuela?

      ¿Porque la han mantenido en estas condiciones tan desastrosas? Guardaron silencio, ya no hubo respuesta. Señores: esta aula y las demás que se encuentran en las mismas condiciones necesitan una reparación y un remozamiento inmediato lo que reclama una inversión regular y como ustedes forman el grupo selecto de la comunidad, les propongo que al instante den una cooperación en efectivo y voluntaria para que mañana mismo se hagan los resanes y se traiga pintura; busquen un albañil que lo haga, el remozamiento lo haremos mis alumnos y yo.

      Cada uno queriendo o no, fueron aportando su cooperación reuniéndose la cantidad de quinientos esos con lo que se arregló la primera aula. Para extender la participación comunal en base al convencimiento, invité a otras personas adultas, jóvenes y señoritas, en calidad de padrinos para la inauguración de la aula, quienes llevaron muchos regalos a los niños, principalmente pelotas de básquetbol y voleibol para los equipos deportivos dando origen a la práctica intensiva del deportivismo en la escuela no solamente entre los alumnos, sino entre los jóvenes y señoritas de la localidad.

      Todas las tardes se reunían en las canchas a jugar, convirtiéndolas en centros de atracción y sola para el vecindario.

       La escuela llegó a su nivel de organización completa. El primer grupo de sexto grado lo integraron diez alumnos que atendía el profesor Aurelio Sáenz en 1957, es decir cuando llegué a ese lugar. Igualmente se formó una banda de guerra entre los alumnos, que posteriormente pasó a manos de los jóvenes. En una reunión casual entre varios compañeros, acordamos establecer un intercambio entre las escuelas del Municipio para enriquecer nuestros programas culturales y fundamentalmente crear la conciencia de unidad y colaboración entre los padres de familia hacia la escuela, lo que se logró ampliamente y si cabe enfatizar, maravillosamente.

       ¿Motivación? Desfile conmemorativo de las fiestas patrias. Cinco días consecutivos, con los contingentes bien organizados: bandas de guerra, abanderadas con sus escoltas, autoridades civiles y educativas, alumnos correctamente uniformados ciclistas, asociaciones de charros, carros alegóricos con sus reinas de esta festividad, tractores guadañeros, en fin, un entusiasmo desbordante. Luego los programas alusivos. El esfuerzo cansaba, fatigaba, pero qué satisfacción a la hora del refrigerio: ricas itacatadas, había de todo, para todos. Convivios de cordialidad, de confianza de unidad. Nadie quiso quedar atrás en cada pueblo la misma escena. Finalizaba este evento patriótico en la cabecera municipal. 16 de septiembre.

      Intercalo aquí una pequeña anécdota consecuencia de esta tradición: El señor Rafael González Pérez, Presidente Municipal por aquellos años y cuyo concepto era: “Solamente de la educación viene el progreso de los pueblos” quizás por eso tenía fe en el magisterio y nos dio todo su apoyo. Como él era el primero que encabezaba los desfiles, nos decía que ya se había acostumbrado porque cuando se levantaba al siguiente día, levantaba las manos en posición de empuñar el asta bandera y preguntaba ¿ahora dónde va a ser el desfile? Cuando la fecha había trascurrido. Lo que daba lugar a alegres comentarios entre nosotros.

      Esta conmemoración en la forma descrita, abarcó un período de cinco años cuando mucho, porque hubo cambio de autoridades, porque pensamos que habíamos logrado la unidad entre los pobladores del municipio, pero más que eso, porque uno de nuestros compañeros fue golpeado y sangrado pro un sujeto alevoso e inculto y en lugar de castigarlo, la autoridad encarceló al maestro lo que nos irritó terriblemente.

      Cuando se nos llamó para colaborar respondimos con un “no” definitivo por falta de garantías. Así terminó esta etapa que conservo en mi memoria.

      En cuanto a la comunidad de Presas seguí trabajando como de costumbre, aportando varias generaciones de alumnos que concluyeron su educación primaria, varios llegaron a profesionistas en distintas carreras, otros en los negocios y los demás en actividades agrícolas.

      De esto, existe constancia en los archivos del plantel que cuantitativamente suma 148 hombres y 123 mujeres, que totalizan 271 graduados.

      Después de quince años de prestar mis servicios en esta comunidad, fui removido a la Ciudad de Tula, ocupando la Dirección de la Escuela Urbana Federal “BENITO JUÁREZ”, por unos cuántos meses porque en ese año 1971 fui ascendido a la categoría de Inspector Federal de Educación, por dictamen escalafonario de la Comisión Nacional Mixta de Escalafón, ubicándoseme en el mismo Estado de Hidalgo.

      Gran satisfacción nos causó cuando el C. Profesor Guajardo Salinas, Director General de Educación Primaria en los Estados y Territorios de la Republica nos expresó su felicitación por nuestro ascenso y por sus orientaciones para el desempeño de nuestras funciones en este cargo de gran responsabilidad.

      Por disposiciones de la Dirección Federal de Educación en la entidad a cargo del C. Prof. Francisco Rivero Nava, fui adscrito a la Zona Escolar No. 19 de Tenango de Doria.

      Dadas las condiciones geográficas de esta región en su mayor parte inaccesibles, obstruyen con frecuencia una supervisión eficaz al trabajo docente que los maestros realizan en cada comunidad. El recorrido se hace a caballo de un lugar a otro y por varias horas y días.

      A cambio de ello, uno recibe la atención y el respeto de los pobladores y también sus quejas por incumplimiento del personal. En los lugares que me tocó pernoctar, fueron noches de fiesta y hasta de honroso para los vecinos.

      En cuanto a los maestros, llevé a cabo varias reuniones de carácter administrativo, pedagógico y cultural. En un Centro de Cooperación Pedagógico realizado en San Bartolo Tutotepec, con la participación Técnica del personal de Mejoramiento Profesional del Magisterio en la Entidad, asistió el C. Prof. Alfredo Arcineaga Monroy, Director Federal de Educación, cuya presencia alentó a los compañeros de la Zona Escolar, visitantes y autoridades locales, quienes le brindaron un emotivo recibimiento. En esta región llueve la mayor parte del año, que llaman ligeras lloviznas o aguas torrenciales, lo que mantiene el terreno siempre húmedo: clima cálido, templado y frío. Durante el invierno hay que protegerse lo mejor posible porque el frío cala duro. Recorrer la sierra ya son otras palabras. Aquí se contemplan bellos paisajes, abundante vegetación, aguas transparentes y se respira el oxígeno saturado de frescura. Mis recorridos fueron arduos, cansados y peligrosos además por pos caminos, pero se imponía el deber y las características del propio trabajo. Me interesó comprobar lo favorable o desfavorable de la labor educativa que enfrentaban mis compañeros y estimularlos con mi apoyo y promover entre los vecinos su cooperación para el avance educativo. Existen en estos dos municipios: Tenango de Doria y San Bartolo Tutotepec, pueblos de habla otomí, procedentes probablemente del Valle del Mezquital, cuyas escuelas son atendidas por maestros bilingües, jóvenes muy empeñosos, hombres y mujeres que recorren la sierra a pie para llegar a sus centros de trabajo, controlados por un instituto Bilingüe. Este sistema depende del Instituto Nacional Indigenista. Cultivé con ellos una estrecha amistad, porque tanto el instructor como yo, tuvimos nuestras oficinas en el mismo local. Las atenciones que me dispensaron los habitantes sin excepción fueron muy satisfactorias, como las autoridades municipales y Comité de Educación, pero viendo afectada mi salud, después de cinco años en esta región solicité mi cambio. Me trasladé a la Zona Escolar Núm. 92 con cabecera en la población de Tlahuelilpan, situada en el Distrito de Riego No. 3 del Valle, cuyas tierras de propiedad mixta, regadas con las aguas negras del gran canal de la ciudad de México, han creado una agricultura mecanizada, maquinaria adecuada para cada actividad carreteras asfaltadas, vehículos de transporte de todo tipo, signos de adelanto con un nivel de vida superado, el trabajo educativo se apoya en menores y suficientes recursos y por ende un personal eficiente profesionalmente y responsable, con el que laboré muy a gusto. Sin embargo, no dejaré de insistir que la presencia del maestro en este nivel y quizá en los demás, influye en gran medida pos sus relaciones con todos los factores que se centran en su acción educadora, su interés en el desempeño de sus actividades específicas y en su espíritu de creatividad. A mayores facilidades, mejores rendimientos. En este concepto, traté de proyectar mi Plan de Trabajo, contando siempre con muy buenos compañeros, tanto en aspecto docente como en el socio-cultural.

      Al poco tiempo me sorprende nuevamente una inesperada y difícil enfermedad que me obligó a internarme en el hospital “20 de Noviembre” el ISSSTE en la ciudad de México. Dado de alta por prescripción médica, volví a la Zona Escolar citada para continuar mis servicios pero en condiciones deprimente. Con el apoyo de os profesores Marcelino Medina y Gregorio Sánchez Ramírez, quienes se encargaron de tramitar la documentación oficial ente las dependencias correspondientes. Salvé mi responsabilidad por lo que afirmo aquí mi agradecimiento para ellos.

      Posteriormente, con el reacomodo de Supervisores que se presentan en cada curso escolar, logré otro cambio a la Zona Num. 068 del Municipio de Tula, con cede en la propia ciudad.

      Aquí fue muy diferente mi vida profesional por encontrarme en un medio urbano con toda clase de servicios públicos, una ciudad industrial y comercial, sirios de taxistas, autobuses, que conducen a los pueblos de su periferia, auque las escuelas a mi cargo se catalogaban entre rurales y urbanas, por sus propias condiciones de acuerdo con la comunidad donde funcionaban. Su cercanía con la cabecera de la Zona y un personal Directivo y docente, con un nivel profesional acreditado, permitió la consecución de un trabajo mejor programado y rendimientos positivos.

      La Zona Escolar, participó en todos los eventos, culturales, folklóricos, deportivos, internos y externos. Concursos de aprovechamiento, de selección, de canto, Himno Nacional, juegos organizados, escoltas, flautas, dibujo, danzas, bailes regionales, etc., amén de la aplicación de pruebas finales de cada curso escolar.

      Me permanencia en esta Zona, abarcó diez años consecutivos y con una duración de cincuenta y seis años de servicios ininterrumpidos determiné solicitar mi jubilación, la que me fue concedida a partir del 1º. De enero de 1988.

      De las autoridades municipales, Delegación Sindical, D-1-54 de la Zona 068, de las Direcciones de las Escuelas “IGNACIO ZARAGOZA” de Zaragoza, “FRANCISCO SARABIA” de Pueblo Nuevo, recibí un reconocimiento como despedida. Las Generaciones de los alumnos de las escuelas “IGNACIO ZARAGOZA”, Lic. “JAVIER ROJO GÓMEZ”, “NARCISO MENDOZA”, “HÉROES DE CHAPULTEPEC”, llevaron mi nombre.

      Por los 30 y los 50 años de servicio, fui galardonado con las medallas “MAESTRO RAFAEL RAMÍREZ” e "IGNACIO MANUEL ALTAMIRANO” respectivamente.

      Con este motivo, el Prof. Hermenegildo Benítez Torres, propuso que se me hiciera un homenaje de despedida por todos los compañeros de la zona, en la comunidad donde inicié mis servicios, que por diversas razones no fue posible, pero hicimos un viaje a aquel lugar el mismo profesor, Fernando Ángeles Olvera y Gregorio Sánchez Arteaga, con el fin de entrevistarnos con las autoridades y coordinar este propósito. No hallamos al C. Inspector Escolar, pero al C. Abel Mora, Presidente municipal de Santo Domingo Tonalá, sí, quien nos atendió con mucha cortesía.

      Nos ofreció apoyarnos para este evento y nos acompaño personalmente para entrevistarnos con el Profesor Pablo Rojas, Director de la escuela de San Sebastián, radicado en un pequeño barrio que lleva por nombre Yetla ubicado en la parte baja de aquel eslabón de cerros. Nos indicó que fijáramos la fecha de nuestro arribo para recibirnos. Retornamos a Tonalá y visitamos un hermoso lugar que los vecinos llaman Chapultepec, por sus enorme ahuehuetes y matas de zapote negro, de donde manan arroyitos de agua limpia y transparente, ahora ya entubada que surte a toda la población. Emprendimos el regreso a la ciudad de Tula.

      Al transcurrir los días sin haber logrado la sugerencia, me dispuse a visitar aquella comunidad; haciéndome acompañar de mi esposa, mi hijo Rafael y uno de mis nietos.

      Cincuenta y dos años habían pasado sin que hubiese vuelto a poner un pie sobre aquel terreno, de modo que me invadía el deseo de volverlos a ver. Un individuo, dueño de una camionetita, ofreció llevarnos a ese lugar, por una carretera de terracería y sinuosa, el transporte fue venciendo la subida hasta que al fin llegamos. Grande fue mi sorpresa al encontrar una escuela atendida por diez maestros de grupo y un Director Técnico. En lo alto de la loma aún existe la primera aula que se construyó durante mi estancia, alrededor del patio solitario de aquel entonces, se levantan las aulas que dan el cupo a los niños que asisten a sus clases desde el primero hasta el sexto grados. Pedí al señor Director, después de identificarme como convenía, que me formara a todos los ni{os en el patio, para saludarlos y tomar una fotografía, cada grupo con su respectivo maestro o maestra, lo ordenó, con amabilidad. Hecho el saludo que me propuse y aclarando que fui el primer maestro que trabajo en aquella comunidad, les pedí que a mi nombre saludaran a sus papás. Volvieron a sus aulas. A los de sexto, le dio mucho gusto, cuando les entregué un equipo de voleibol, para su entretenimiento.

      Dos miembros del Comité de la Asociación de Padres de Familia, estuvieron presentes en esta breve visita; me expresaron su agradecimiento. Al preguntarles de algunos de los que fueron mis alumnos, me informaron que ellos ya habían muerto. Lo que en silencio me conmovió.

      Cuando ya nos dispusimos a regresar, un niño se me acercó y me entregó una hojita de papel de su cuaderno, en la que encontré escrito lo que aquí trascribo íntegro:

    “San Sebastián del Monte, Tonalá, Huajuapan, 1º, de Junio de 1989.”
    “Muchas gracias profesor Gregorio Sánchez, por venir de tan lejos a visitarnos a nosotros los niños; vino a donde trabajaba usted, en el corazón de todos nosotros estará su recuerdo; Cuando vea a un niño alegre no olvide que en San Sebastián del Monte se le guarda un gran respeto y agradecimiento por sembrar la semilla que hoy se cosecha por usted, llévenos en su corazón y recuérdenos en la sonrisa de un niño feliz, formándose en donde su responsabilidad fue ejemplo.
    Atentamente- Héctor Gerardo Solano Hernández”.

      Me fue entregada una relación con gusto anoto:

“Relación de maestros que laboran en la Escuela Primaria Rural Federal Clave 20DPR1427U de la población de San Sebastián del Monte, Municipio de Santo Domingo Tonalá, Distrito de Huajuapan de León, Estado de Oaxaca.

  1.     Isabel Ponce Vargas.
  2.     Alonso Rivas Morales.
  3.     Sara Pacheco Ramírez.
  4.     Lilia del Río Moreno.
  5.     Martín Acevedo Sánchez
  6.     Guadalupe Zúñiga Candelaria.
  7.     Raymundo Herrera Mirón.
  8.     Ignacio Hernández Rivera
  9.     Ángela Leyva Zúñiga
  10.     Ramiro Ramírez Galindo.

      Contemplé reflexivo y entusiasmado la panorámica de aquella comunidad, de lo que fue y lo que es. Sus casas construidas de tipo moderno, techadas con láminas de asbesto unas, otras con tapas de concreto, sobresaliendo las mismas calles que yo tracé, así como una tienda grande de la CONASUPO de donde de proveen los vecinos de artículos de primera necesidad, que se levantan al centro del poblado ¡ Cuantas satisfacción sentí al comprobar este cambio!.

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