El gran mito del túnel de la catedral de Tula

      La palabra catacumba significa subterráneo. En lugares así llamados, las primeras comunidades cristianas enterraban a sus muertos, principalmente en Roma; también, a raíz de la persecución contra los seguidores de la doctrina de Cristo, en éstas catacumbas se vieron obligados a recluírse para celebrar en ellas sus ceremonias religiosas, así como el Ágape o Fracción del Pan.

Descripción de las catacumbas.

      Las catacumbas está formadas por galerías subterráneas que parecen verdaderos laberintos cuyo conjunto llega a medir kilómetros. En las paredes de toba (piedra porosa y ligera) de éste intrincado sistema de galerías se excavaron filas de nichos rectangulares de diferentes tamaños para depositar uno, o en algunos casos varios cadáveres.

      La sepultura de los primeros cristianos era de lo más sencilla y pobre, a semenjanza de la de Cristo, los cadáveres se envolvían en una sábana o lienzo, no se utilizaba ataúd.

      Después de depositar al difunto en el nicho, éste se cerraba con una lápida de mármol o con piezas de barro cocido que se fijaban con argamasa, ello de acuerdo con la posibilidad económica de los deudos; no obstante, consta que la mayoría optaba por el segundo material.

      Las catacumbas dejaron de utilizarse como cementerios en el siglo V, aunque fueron lugares de devoción cristiana.

En el túnel de la Catedral de San José.

      A diferencia de la catacumbas europeas, que la mayoría fue utilizada como cementerio, otro tipo de construcciones también subterráneas existieron y aún se pueden ver en este continente, sobre todo en México.

      Algunas de ellas se encuentran en varios conventos construídos por las diversas órdenes religiosas que levantaron estos recintos, incluyendo el de San José de Tula.

      Sin tratar de especular o llevar al ámbito sensacionalista, en "De todo un poco" abordamos un tema por mucho tiempo discutido, que levantó controversia, llegando al borde de la leyenda, que con el tiempo e investigaciones y testimonios es una realidad.

      Uno de esos testimonios es el piloto aviador ya retirado, Don Fernando Oviedo Almanza, quien nos relata lo siguiente:

Allá por los años 1926-1928, cuando en mi infancia me desempeñaba como acólito de la parroquia de San José (hoy catedral), y como todo chiquillo inquieto, recuerdo que al pie de las gradas que conducían al altar mayor, que entonces se encontraba al centro del presbiterio, existía una tapa que cubría el acceso a una escalera de madera que descendía como unos cuatro metros.

Cuando el sacristán se llegaba a introducir, otros monaguillos y yo lo seguíamos, provistos de unas velas que nos agenciábamos de la sacristía, pues estaba oscuro, a pesar de que el piso central de la iglesia era de madera y cubría el pasaje que corría bajo éste.

Croquis del túnel construído hace 460 años.

      Don Fernando se levantaba de su confortable asiento donde lo entrevistamos, toma papel y lápiz y amablemente nos dibuja un croquis de este pasaje, según aún lo recuerda después de más de setenta años, y continúa diciéndonos:

Después de recorrer un tramo de la nave de la actual catedral de San José, el citado túnel daba vuelta a la derecha, posiblemente a la altura de la actual entrada de la iglesia.

      Aquí surge una incógnita para quien esto escribe: si esta vuelta la daba a la altura que describe Don Fernando, o a la de la actual entrada de la capilla de la Virgen de Guadalupe, ya que en el siglo XVI, ésta fue la entrada lateral al templo, acceso que fue cerrado hasta pasada la mitad del siglo XIX.

Algo que nos llama la atención, es que se sentía un chiflón de aire que en ocasiones apagaba nuestras velas, y una vez doblada esta esquina, a pocos pasos había una especie de tramos de banquetas como de cincuenta centímetros de altura, que según supimos eran tumbas y, entre una y otra se encontraban unos sacos como de yute o algo similar con restos de esqueletos.

Por lógica, dada nuestra edad el miedo nos invadía, razón por la cual no nos aventurábamos a continuar más adelante, por que de hecho este pasaje que calculo tendrá como tres metros de alto por unos cuatro de ancho, continuaba hacia la actual calle zaragoza, donde en esquina con el callejón de Jimenez existía la llamada Casa del Diezmo, de la que hoy en día se conserva parte de la fachada del siglo XVI (actualmente una zapatería).

      Hasta aquí el relato del Mayor Oviedo a quien agradecemos habernos comunicado esta singular experiencia que corrobora la existencia de este llamado túnel de catedral.

      Sin embargo existen otros valiosos testimonios que confirman lo anterior, desde otros accesos al mismo pasaje oculto desde hace más de 450 años, hablamos de personas que en su niñez se introdujeron pero desde sus casas, dado que por su longitud este túnel debió tener diversas entradas de aire.

      Se decía que éste llegaba hasta la actual zona arqueológica, no obstante, por su orientación se ha llegado a la conclusión de que, si es cierta su longitud, termina en la antigua capilla abierta que se encuentra también dentro de esta zona conocida como el Palpan de los Toltecas.

Hasta la próxima, Paz y bien.

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