Día de fiesta

      Todos los pueblos en su tiempo, celebran con entusiasmo sus tradiciones y costumbres, y Tula de mis recuerdos también festejaba el onomástico del hombre del momento; el político y líder agrario, el señor Arcadio Cornejo Simón, el cual, durante sus gestiones, mantuvo relaciones con los altos mandos de los gobiernos federales y estatales, apoyando a los campesinos y obreros en sus movimientos políticos y sociales.

      Me comentaron los informantes que el 13 de enero, la villa de Tula se vestía de gala, y gente de los pueblos circunvecinos se daban cita para felicitar al homenajeado, y que este acontecimiento se convertía en la fiesta del pueblo hasta por tres días o más, asistiendo gentes importantes de la política agraria, como Don José Antonio Cadena de Nopala; presidentes municipales, representantes e invitados de Huichapan, Tlaxcoapan, Tlahuelilpan, Tezontepec y otros; así como distinguidos Tulences como Don Rafael Cisneros, Emigdio Vite, las familias Oviedo y Tinoco, quienes presenciaban el desfile que cientos de campesinos y civiles a caballo, se dirigían al centro del pueblo, iniciando su recorrido desde la colonia Iturbe y Malinche, para saludar con el sombrero al festejado, Don Arcadio Cornejo.

      La caballería al pasar por el jardín y demás calles empedradas, producía un enorme ruido con las herraduras, las cuales hacían recordar a los jinetes del México Colonial.

      Para servir la comida a los invitados, se preparaban un sinnúmero de borregos para la tradicional barbacoa; algunas reses y cerdos, para que personas especializadas los preparaban para servirlos en el banquete.

      Las cocineras preparaban el rico mole de guajolote y las tortilleras surtían a los comensales de sabrosas tortillas elaboradas a mano.

      Algunas más, se encargaban de preparar las copas de vino, la cerveza y el pulque espumoso servido en jarros de arcilla.

      Esta fiesta de pueblo se iniciaba con las tradicionales mañanitas en honor del festejado, y terminaba con el baile popular que amenizaban las bandas de música en el jardín, así como las corridas de toros, peleas de gallos y fuegos pirotécnicos que daban lucimiento y colorido a una auténtica fiesta de pueblo.

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