Pueblos perdidos

      Pueblos, capillas y toda una historia pródiga de tradiciones, desaparecieron al construirse la presa Hendó.

      En lo que actualmente ocupan las aguas de esta presa, se encontraban asentados algunos pueblos antiguos de origen nahuatl y otomí, como Santa María Michimaltongo (lugar donde se cogen pescados pequeños); Santa María Daxthó (lugar donde abunda la hierba del tó); San Pedro Nextlalpan (ceniza sobre la tierra o tierra cenicienta); San Mateo, Santa Ana Ahuehuepan (árbol sobre el agua vieja), y San Francisco Bojay (tierra negra), así como sus capillas cuyas torres todavía se divisan cuando las aguas de la presa bajan su nivel.

      Por estas tierras pasa el río Tula, al cual se le unían como afluentes el de San Miguel de las Piedras y el de San Antonio Tula, en un lugar denominado "el codonxi", siguiendo su cauce hasta el "molino". Se dice que esta zona gozaba de la fertilidad para el cultivo de la alfalfa, la fresa, alcachofa, trigo, maíz, cebada y frijol, así como la variedad de flores y árboles frutales, en las propiedades de las haciendas de San Pedro Nextlalpan, San Francisco Bojay, y los ranchos del Dasdhá y Binola. Los cuales, a través de pequeñas presas como Las Tinajas, Los Gallos, El Chivo, El Judhó, Los Ballesteros y La Hixí, canalizaban el agua para irrigación de esa vega inmensa, que en el pasado proveía de granos a los pueblos y a la capital.

      Este lugar de exuberante vegetación se cubría de frondosos ahuehuetes, sabinos y fresnos gigantes, en las márgenes del río, en los cuales se guarecían numerosas aves de ricos plumajes y cánticos preciosos y donde se albergaban peces como: el bagre, la lobina, la mojarra y la carpa.

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